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domingo, 16 de mayo de 2010

Quién es y quién fue el Conde Saint Germain. R.Sol

Tan interesante personaje fascinó al siglo XVIII, época en que la gente de alta sociedad investigaba mucho sobre Magia, Alquimia y Astrología. Las secretas logias masónicas se habían multiplicado por toda Europa, lo cual significaba un peligro para los reyes y el alto clero. Por esto, las principales de ellas fueron cerradas debido a órdenes del rey Luis XV de Francia en 1730. Reyes europeos y altas personalidades de la nobleza gastaban sumas considerables de dinero en sus investigaciones sobre la Alquimia, la Magia y el Ocultismo, buscando la Piedra Filosofal, el secreto de la eterna juventud, etc. La vida de la corte y de la aristocracia transcurría en un ambiente de lujo refinado, relajación moral e interés por las misteriosas Ciencias Ocultas. Por entonces y en 1758, apareció en Francia el Conde de Saint Germain procedente de Holanda, Inglaterra y Alemania, países visitados por él en discretas misiones políticas, ya que requerían de sus servicios altas personalidades del gobierno en distintas naciones Era un hombre elegante, educado, considerado muy rico por la gente; pero había gran curiosidad porque se desconocía desconocía de dónde procedía su considerable fortuna y donde estaba depo- sitada. También se ignoraba su nacionalidad y su origen, si era español, italiano, alemán, francés, polaco, holandés e incluso egipcio. Muchas nacionalidades le atribuían porque hablaba a la perfección las más conocidas lenguas europeas: Francés, inglés, italiano más el chino, árabe y sánscrito. Saint Germain asombraba y desconcertaba a la nobleza no sólo por su gran erudicción y su fácil palabra sino por el misterioso atractivo que envolvía a su persona. Se decía de él que no permanecía mucho tiempo en un mismo lugar y que desaparecía discretamente sin avisar. Vivía en toda Europa; pero, cuando se cansaba, se iba al Tibet, a Africa, México y Turquía. En aque llos tiempos en los que viajar no era tan fácil como ahora, este hecho resultaba muy sorprendente. Igualmente, asombraba su aspecto de permanente y radiante juventud. Algunos pensaban que el Conde de Saint Germain tenía 300 años, 150 ó 160 quizás y que se rejuvenecía cuando era dema- siado viejo. También, resultaban muy sorprendentes sus vastos conocimientos y aptitudes no sólo para la Política sino para las Artes, las Ciencias, la Poesía, la Medicina, la Química, la Música y la Pin- tura. Tocaba el violín con destreza, cantaba, era compositor de varias partituras exitosas, pintaba cuadros históricos y naturales de gran calidad. Tenía una prodigiosa memoria para recordar intere- santes datos de tiempos pasados, sabía Psicometría, podía domesticar a las abejas y amansar a las serpientes por medio de la música. Era un natural clarividente con gran facilidad para leer en los rostros de las personas, por lo cual comprendía todo con gran rapidez. Poseía la rara cualidad de ser ambidextro; pero, además, podía escribir con las dos manos a la vez un texto auténtico. No profesaba religión alguna, por lo cual fue censurado de materialista. Se rumoreaba que se alimentaba de gotas de oro líquido, pues nadie lo había visto comer o beber ni aún en los banquetes donde era invitado, lo cual bien podía ser una fantasía de las muchas que se propagaban sobre su persona. Tampoco se le conocían relaciones amorosas, si tenía familia e hijos. Fabricaba diamantes y piedras preciosas sacándolas de la nada; aunque, privada y discretamente. Quitaba las manchas oscuras a los diamantes y los producía él mismo para regalarlos. ¿Quién era ese enigmático personaje que asombraba tanto a la nobleza de distintos países? Se desenvolvía en altos medios sociales. Al llegar a Francia, logró la amistad personal del rey Luis XV y de su amante o favorita, Madame la Pompadour, quienes lo apreciaban mucho. Esto ocasionó bas- tante rechazo y envidia de los cortesanos, en parte de la aristocracia y dio lugar a una persecución ensañada procedente de peligrosos detractores que lo atacaban, lo calumniaban como, por ejemplo: El depravado Casanova, considerado un "don Juan", Cagliostro, el Duque de Choisseul y el señor D'Affy, quienes lo llamaban charlatán, impostor, aventurero e insolente. Por ello, vemos que el Con- de de Saint Germain era tan amado como odiado. La gran admiración y respeto tenía su contraparte como siempre sucede con los personajes brillantes y valiosos. Para más difamarlo, le crearon un doble pagando altas sumas de dinero a un cómico llamado Gower que se le parecía mucho y lo imitaba a la perfección. Esto era para dejarlo en ridículo con una sátira grotesca, pues Gower se pavoneaba por los salones de la alta aristocracia diciendo que había conocido a Jesucristo, a la Virgen María, a Poncio Pilatos y contando historias que desprestigiaban al Conde de Saint Germain. Con ese papel tan bien estudiado, el cómico se sentía feliz, porque ganaba mucho dinero. No se sabe como, de pronto, Gower desapareció de Francia sin que se supiera que nadie lo hubiera amenazado. A la labor de ese ser, se deben muchas de las calumnias y falsas histo- rias que, todavía, persisten incluso escritas en los libros como datos históricos. Para explicar los orígenes del Conde de Saint Germain, de donde él procedía, había varios relatos. Se rumoreaba que era hijo natural (un bastardo) de la reina Ana de Neuburgo, viuda del rey Carlos II de España; pero, igualmente, le atribuían su paternidad a poderosos señores, reyes y personajes importantes de entonces. También se decía que era hijo del principe Rackoczy de Transilvania y de su primera esposa Teleky, lo cual es más verosímil. Sobre su permanente juventud, sucedió un he- cho algo insólito: La condesa Gergy lo había conocido en Italia hacía cincuenta años. Cuando lo vol- vió a ver en Francia, ella había envejecido mucho; pero él se conservaba con la misma juventud de entonces, lo cual asombró bastante a esta noble señora. Con respecto a la intriga de su nacionalidad y su origen, la princesa Amelia, hermana de Federico II, le preguntó un día: ¿De qué país es usted? El le contestó: "Soy, señora, de un país que, por lo so- berano, jamás ha tenido hombres de origen extranjero", lo cual la dejó más confundida que antes. Se le conocen distintos nombres con los que se identificaba cuando visitaba los países europeos, porque se conservan datos históricos de ello en distintas épocas: Marqués de Montferrat, Marqués de Aymar, Conde de Belmar, de Soltikov, de Wendome, de Monte Cristo y de Saint Germain, Caballero de Schoening, Monsieur Surmont, Zanonni y Príncipe Rackoczy, lo cual indica que él fue diferentes personajes sucesivos teniendo el mismo rostro y aspecto personal. En 1784, se anunció oficialmente su muerte en Silesia (Prusia) hasta se enterró su cadáver y le hicieron funerales civiles, porque la iglesia le negó los religiosos; pero, un poco más tarde (1789) volvió a reaparecer en Francia donde conoció a la reina María Antonieta e incluso participó en la Revolución Francesa. También realizó una importante labor política de liberación durante la Revo- lución Rusa, en el reinado de Pedro III y Catalina II. Nunca se preocupó por sacar provecho personal a sus inventos e investigaciones cuyo provecho ofrecía generosamente a las cortes de Europa, cuando reyes y altos personajes lo apoyaban para montar sus fábricas y manufacturas. Por esta razón, residió en el castillo de Chambord, junto al río Loira, transitoriamente y poco después de haber conocido a Luis XV. Se presentó ante él como ne- gociante en tintes para telas, cerámica y sedas pues fijaba los colores de manera tan asombrosa que ni el aire y la lluvia los podían dañar, lo cual era muy sorprendente por entonces. También fabricaba bellos sombreros y trabajaba en la industria de cueros, de aceite comestible. Practicaba la Medicina de manera no común, en forma discreta y cuando se lo pedían. Se sabe que revivió a una joven que se envenenó para salvar su honor en el Parque de los Ciervos, donde el libertino Luis XV tenía sus aventuras con jovencitas adolescentes, engañadas o compradas por dine- ro. Ante este hecho insólito, el Rey la dejó en paz. También se conoce que curaba la ceguera, la sífi- lis y que asistió en la batalla de las Pirámides acompañando a Napoleón con el nombre de señor Hompesh; pero ni una bala lo alcanzaba. Este hombre-milagro que no moría jamás y era impertur- bable ante los peligros, que había vencido la vejez y la muerte, fue un misterio durante mucho tiempo pues los relatos históricos hablan de él en distintas épocas. Sin jactancia ni vanagloria, era reconocido y respetado por sus grandes cualidades e insólitos poderes; aunque también contaba con muchos enemigos y detractores. Este relato es sólo un esbozo o síntesis de lo que históricamente se dice acerca del Conde de Saint Germain; porque la verdadera historia espiritual, ahora, la está develando el Movimiento Ray Sol. Por la enseñanza transmitida aquí, podemos comprender que él utilizará distintos nombres en el transcurso de sus quinientos años de inmortalidad en servicio a la Luz y en ayuda valiosa a la humanidad del planeta Tierra.

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